Hoy, al mirar atrás y contemplar estos cincuenta años desde
que la pronuncié, comprendo que aquellas palabras fueron mucho más que una
ceremonia o un compromiso de juventud. Fueron una brújula que, de una forma u
otra, ha orientado mi camino a lo largo de la vida.
Durante estas cinco décadas han cambiado los tiempos, las
circunstancias y también yo mismo. Ha habido momentos de entusiasmo y de duda,
de éxito y de dificultad. Pero los valores que inspiraron aquella Promesa —el
servicio, la lealtad, la amistad, el respeto y el esfuerzo por dejar el mundo
un poco mejor de como lo encontramos— han permanecido como una referencia
constante.
Cincuenta años después, descubro que ser scout no fue algo
que hice durante una etapa de mi vida, sino una manera de vivirla. La Promesa
no quedó atrás; ha seguido creciendo conmigo, recordándome que la verdadera
aventura consiste en seguir aprendiendo, ayudando y manteniendo viva la
esperanza.
Hoy celebro estos cincuenta años con gratitud hacia todas
las personas que han compartido el camino y con el mismo deseo que entonces:
seguir haciendo cada día lo mejor posible.
(Todas las fotos son del día de mi Promesa, 1 de agosto de 1976, en el campamento de verano pasado Benamahoma camino de Grazalema)




